MASCARON DEL JUAN SEBASTIAN EL CANO.

HISTORIA DEL MASCARON DE PROA

En épocas pasadas y en muchos lugares, era impensable que la proa de un barco no estuviera decorada con una figura más o menos sofisticada; una figura que al apuntar al horizonte parecía servir de guía al buque en sus navegaciones.

Era el mascarón de proa; una escultura de madera en la mayoría de los casos; una expresión del arte marinero situada en el beque de los galeones, en el tajamar de los navíos y fragatas, en el espolón de las galeras, en lo alto del caperol de embarcaciones menores o bajo el bauprés de barcos más modernos. El mascarón es tan viejo como los barcos y la navegación, nació con ellos, y adoptó unos motivos y formas que fueron cambiando con el tiempo, el lugar, las tradiciones, el nivel cultural, las creencias religiosas, el folclore, el poder adquisitivo y muchas otras circunstancias. Seguramente en un principio tuvo un sentido totémico, para espantar los males que el buque se pudiera encontrar en sus navegaciones. A veces tuvo un significado puramente religioso.

Los griegos, por ejemplo, adornaban sus proas con imágenes de sus dioses y diosas veneradas, sobre todo diosas, pues el vocablo “barco” o “nave de mar” en griego clásico es femenino (2); también eran adornadas las proas con hermosos animales, pues era habitual que al botarse el barco se celebrara un ritual en el que se sacrificaba un animal cornudo para con su sangre rociar la proa de la nave, y esto derivó en tallar la cabeza del animal sacrificado y colocarlo en la proa, todo ello con un motivo siempre apotropaico.

En la Edad Media se usaron serpientes, dragones y animales fabulosos. Los vikingos utilizaron figuras fantásticas, como cabezas de dragones, para infundir terror, aunque también recurrieron a volutas con fines decorativos. Durante los siglos XV y XVI, las principales decoraciones aparecieron en las popas, mientras las proas quedaron un tanto olvidadas, y salvo excepciones, los mascarones aparecieron solo en algunos espolones de galeras. El resurgir de los mascarones de proa se produjo en el siglo XVII, debido entre otras cosas a los perfeccionamientos técnicos de los buques de la época, que presentaban líneas estilizadas para mejorar su comportamiento en la mar, con el alzado de sus proas que permitió el uso de los mascarones como los conocemos hoy. En el siglo XVIII, en muchos buques de guerra, teniendo un origen prácticamente desconocido, pues fueron muchas las culturas y civilizaciones que usaron esta ornamenta para fines diversos en sus barcos.

En el siglo XIX, el mayor lanzamiento de la proa y del bauprés hicieron que los mascarones adoptaran una posición muy inclinada y grácil, como si fueran volando sobre las olas para abrir paso a los barcos en su andar.

Pero en este siglo también apareció el vapor y la propulsión mecánica, y el metal empezó a sustituir a la madera en los cascos, con lo que a lo largo del siglo las formas cambiaron, y aunque con frecuencia se siguieron utilizando mascarones, que a veces eran metálicos, las complicadas maniobras de puerto, los golpes de mar, y las proas cada vez más rectas, convirtieron a aquellos mascarones en unos estorbos y unas fuentes de problemas y averías, que los llevaron a la desaparición o a su sustitución por pequeños elementos decorativos

.Como cosa curiosa, hay que tener presente que en otros tiempos el mascarón de proa era un buen complemento a la hora de hablar de un determinado buque, a veces indispensable, porque con frecuencia, para identificar un barco, además de su nombre o de su silueta, también era de gran ayuda su mascarón de proa; era como su firma o su carnet de identidad. Y es que muchas veces el buque era más conocido por el nombre de su mascarón que por el suyo propio.

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MASCARON DE PROA GALERA DE JUAN DE AUSTRIA