EL MAR, COMÚN DENOMINADOR

La breve historia que sigue trata de explicar, bajo el denominador común del Mar, los diferentes mundos que éste engloba y que el protagonista ha tenido la suerte de disfrutar por los avatares de la vida. Todo lo que ocurre tiene siempre un motivo, y aquello no podía ser menos.

Fernando Juan de la Torre Barrera

Capitán de la Marina Mercante

Capitán de Corbeta, Hidrógrafo (RNA) retirado.

Corría el año 1977 y aquel joven barcelonés decidió en su afán de aventura iniciar la carrera de Náutica. Aquella decisión marcó su vida para siempre. Quería ver mundo, vivir la aventura, y vaya que lo consiguió. El Mar fue el nexo común de esta reseña durante más de cuarenta años.

El origen de esa decisión quizás fue la vida de familiares a los que no llegó a conocer, pero que tuvieron vinculación con el Mar, (un abuelo que fundó Trasmediterránea, un bisabuelo marino del que sólo quedaron dos fotos, o incluso un tío que navegó de joven por los mares del Norte. Todas aquellas historias oídas desde la niñez fueron el caldo de cultivo, y el detonante fue la juventud del protagonista y sus ansias de aventura.

Como decía en el 77 la Escuela de Náutica, precioso edificio en Barcelona, tenía como premisa exigir, previo a la matriculación de alumnos, la inscripción Marítima. Ahí se abriría no mucho más tarde, otra ventana, y era la que miraba al mundo militar de la Armada Española. En aquellos entonces, el servicio militar era obligatorio, y sin embargó muchísimos hombres guardamos un cariñoso recuerdo de aquella época.

Baste con el ejemplo de MAVEAR y de tantas otras asociaciones creadas alrededor de esa parte de la vida, como de las amistades creadas allí, que aún perduran.

Interrumpiendo momentáneamente su vida de Marino Mercante, los 18 meses que duró su servicio militar le permitieron descubrir que los valores que había aprendido en casa, allí se mostraban como lo normal en el día a día: Disciplina, Lealtad, Respeto, Entrega al prójimo. virtudes generalmente denostadas por algunos, que son vitales en el mundo Castrense y aún más en el Mar, alejados de toda Autoridad Policial o Judicial.

Ese mundo le gustó tanto que no dudó en volver a él tras la fuerte crisis de la Marina Mercante española en los años 80. Con la venta de buques al extranjero, por la Sociedad Gestora de Buques, entidad creada por el Banco de Crédito Industrial al embargar la flota de las Navieras que iban quebrando.

Ahora tras haber conocido el mundo Mercante con sus tópicos de: mujeres hermosas, grandes sueldos y paisajes exóticos, (tópicos no siempre ciertos) y haber visto otros continentes, recordando aquellas virtudes castrenses, optó por la Reserva Naval Activa.

Ese era un medio de entrar en la Armada con un Concurso Oposición de Méritos, y en el año 1990 entró a formar parte de ese noble mundo como Oficial de la Armada. ¡Qué suerte poder vivir en tantos sitios diferentes con culturas y costumbres diferente!, ¡Qué apertura de mente!, ¡Que amplia visión de España!, y todo ello gracias al Mar. Por añadidura, el mundo de la pesca también lo disfrutó el protagonista, al conocer en su labor de los Patrulleros, inspeccionando la pesca, la nobleza de espíritu de esos abnegados hombres que salen a diario a faenar y de entre los que cuenta con buenos amigos.

Las clases de Naútica también han sido muy gratificantes, al abrir los ojos a ese mundo, a veces misterioso, a veces de lenguaje críptico, a aquellos que deseaban acercarse a la Mar en su faceta deportiva.

En fín como anticipa el título de esta reseña, tenemos muchos mundos rodeando el Mar o la Mar (Segunda acepción válida sobre todo cuando se enfurece), y es una gran suerte la que ha tenido el que suscribe de vivirlos, sacando de todo ello alguna conclusión: Todos somos hermanos en la Mar, lo que predomina es el buen corazón en cualquiera de los hombres y ahora también mujeres que lo amamos, y que cuando ruge el temporal hay que hacer piña común y remar todos en la misma dirección, cosa que en Tierra no todos saben hacer.

Fernando Juan de la Torre Barrera