Su Majestad Alfonso XII

y un homenaje "por la patilla".

Era un señor bajito, muy guapo, que caía bien a todo el mundo. Tiene esto su mérito en la época en le tocó vivir (no el no ser muy alto, el que no le odiaran), pues era culto, hablaba varios idiomas, y tenía un talante liberal y abierto.

Casó además con la novia de toda la vida, oponiéndose a los que le decían que no hiciera caso a su corazón, pero enviudó a los cinco meses de casado, él con 21 años, ella con 18. Esas  cosas marcan.

Rey de España en tiempos convulsos (como si hubiéramos tenido alguno tranquilo) viajaba ahí donde hubiera alguna catástrofe, intentando limar viejas asperezas y viendo de meter algo de cultura e ideas modernas en nuestra tan tradicional dura mollera.

Hubiera sido probablemente un gran rey, de no morir a los 27 años. Salió ileso de dos atentados anarquistas, pero la tuberculosis y su mucho viajar pasaron factura.

Cortesía del A.N. Diego Quevedo

Cortesía del A.N. Diego Quevedo

Mucho podríamos seguir hablando de Alfonso XII, pero nos centramos hoy… en sus patillas. En aquella época eran lo más de la moda. Ya hemos dicho que se le consideraba un hombre muy atractivo.

Se cuenta que quiso la Armada hacerle un homenaje especial. No algo frío, sino personal. Y se dispuso que  aquellos marineros que lo quisieran pudieran dejarse las patillas que llevó el Rey.

Son aquellas historias de la historia que nos sacan una sonrisa. Sería cierto o no, no importa. Pero uno imagina y respeta la admiración y cariño de Juan Marinero, honrando a su rey por la patilla.

Gracias al A.N. Diego Quevedo por recordarnos esta historia.


Que contento está el marinero cañailla.  Apenas se ve, pero en su cinta de Lepanto aparece su destino: el cañonero Cocodrilo. La próxima semana relevaremos otros secreto que lo une con la Ciudad Condal.