• C.N. D. Antonio Bergoños Gonzalez, Subd. Defensa en Tarragona

• Comandante en nombre de MAVEAR y en el mío propio se bienvenido a nuestra Revista, hoy es un día grande para nosotros, tenerte como invitado de honor es todo un orgullo, personalmente quiero mostrar mi agradecimiento por haberaccedido ala petición de poder contar con tu colaboración en la sección que nuestra ya conocida Revista dedica al Arma Submarina que tanta gloria a dado a España, tus vivencias y curiosas anécdotas de tu mando a bordo del S 61 Delfin. Estoy convencido que despertarán el interés de todos nuestros lectores.

• Gracias de nuevo y siempre a tus órdenes.   

(Ildefonso Palomares)

EXPERIENCIAS A BORDO DE UN SUBMARINO DE LA CLASE “DELFIN”

Es curioso, en estos difíciles momentos que estamos viviendo provocados por la pandemia derivada de la COVID-19 y que ha llevado a que en España se declare el Estado de Alarma y el confinamiento de la población, una reflexión que me venía a la cabeza, cuando familia y amigos me preguntaban cómo estaba llevando el confinamiento, era lo bien preparados que estamos los submarinistas para sobrellevar esta situación excepcional. Desde luego experiencia a lo largo de toda una vida destinado en submarinos no nos falta, no en vano en mi caso han sido 16 años de mi vida militar relacionados con los submarinos, 10 de ellos embarcado, durante los cuales, en submarinos, he efectuado 1.027 días de mar y 14.223 horas de inmersión. Sin duda un buen bagaje para llevar de la mejor manera posible el confinamiento, no les parece.

Estarán de acuerdo conmigo en que tantos días de mar y tantas horas de inmersión dan para muchas vivencias, experiencias que se viven con más o menos intensidad y también con más o menos responsabilidad en función de tu veteranía y de tu cargo abordo. Es evidente que no era el mismo el bisoño Teniente de Navío que recién terminada la Especialidad de Submarinos, embarcaba un mes de julio de 1988 en el Submarino “Narval” (S-64), que el veterano Capitán de Corbeta que en agosto de 2001 recibía orgulloso el mando del Submarino “Delfín” (S-61) y precisamente por eso es posible que en el trascurso de estos párrafos con los que pretendo acercarles algunas anécdotas de mi vida a bordo de los submarinos, esa bisoñez y esa veteranía se entremezclen en mis recuerdos para al final ofrecer una narración más uniforme de la que fielmente sería si estas vivencias las hubiera escrito en el momento de ocurrir los acontecimientos que paso a relatarles.

Antes de comenzar les advierto que no voy a dar nombres, ni de las personas implicadas en las anécdotas ni de los submarinos en que se produjeron y tampoco las contaré cronológicamente, aunque eso sí, lo haré de la manera más fiel que mi memoria me permita.

Antes de comenzar les advierto que no voy a dar nombres, ni de las personas implicadas en las anécdotas ni de los submarinos en que se produjeron y tampoco las contaré cronológicamente, aunque eso sí, lo haré de la manera más fiel que mi memoria me permita.

ESA RECONFORTANTE DUCHA

Todos los que han estado a bordo de un submarino conocen de las estrecheces, incomodidades y ausencia de privacidad que se sufren en los mismos. Estamos hablando de dormir a cama caliente, tener dos aseos para 60 personas, no ver la luz del sol durante días o tener la capacidad de moverte tan restringida (100 m2 para 60 personas) que es imposible mantener una actividad física y no digamos deportiva si quiera parecida a lo normal. Todavía tengo frescos en la memoria los calambres en las piernas, casi siempre de noche, que me afectaban siempre que volvía a casa después de alguna navegación prolongada. Y aunque muchas de esas incomodidades eran comunes tanto a los Submarinos de la Clase “Delfín” (serie 60) como a los de la Clase “Galerna” (serie 70) había una penalidad que era exclusiva de los primeros y era la posibilidad de ducharse con agua dulce abordo. Es cierto que en los submarinos de la clase “Galerna” solo hay una ducha o que no puedes ducharte cuando quieras, pero el agua dulce en condiciones normales no supone un problema (además de los tanques disponen de dos potabilizadoras de agua por osmosis inversa) y al menos puedes ducharte bajo ciertas normas.

Los submarinos de la serie 60 eran de patente francesa, aunque construidos, como es sabido, en España por la antigua “Empresa Nacional Bazán” actual “Navantia” y eran submarinos en los que francamente no se había pensado demasiado en el bienestar de la dotación, siendo la habitabilidad muy espartana y eso incluía la ausencia de una ducha. Fue ya con los 4 submarinos construidos y operativos y con la experiencia de años navegando que lógicamente se acrecienta la necesidad de contar con una ducha y se piensa en una solución muy ingeniosa.

El agua dulce en estos submarinos va en unos tanques y su consumo está restringido, por lo cual era inviable sacar el agua para la ducha de ahí ¿Por qué no entonces utilizar el agua de algún tubo lanzatorpedos? Esta clase de submarinos llevaba 12 tubos lanzatorpedos, 8 de los cuales estaban situados en la cámara de proa. Alguno de ellos iba normalmente sin torpedo en su interior y por lo tanto se podía rellenar de agua, aproximadamente de unos 3.500 litros de esa preciada agua dulce.

 Pues dicho y hecho, se ideo un sistema de tuberías y válvulas que permitía que el agua dulce de ese tubo se pudiera llevar hasta una ducha portátil, que se armaba antes de comenzar cada navegación en la cámara de proa del submarino, que es también donde dormía todo el personal de marinería y el personal de transporte. Que alegría poder ducharte, aunque fuera cada tres días, sencillamente fue una gran solución, la única posible seguramente, pero una solución que llevaba aparejados daños colaterales y me explico. Como digo, todos aprovechábamos nuestros turnos de ducha, cada tres días (los únicos que se podían duchar diariamente eran los cocineros y reposteros) para darnos esa ducha reparadora, normalmente a la salida de la guardia de prima a las 12 de la noche. De pronto empezamos a notar que algunos miembros de la dotación se quejaban de picores en el cuerpo y empezaban a mostrar signos de eczemas y problemas en la piel.

En concreto siempre recordaré a nuestro Jefe de Máquinas, que después de cada ducha aparecía por la cámara de oficiales con unos ronchones tremendos, que nosotros apreciábamos en la cara, pero que le cubrían todo el cuerpo, aunque con el tiempo,afortunadamente, le iban desapareciendo. Cuando le preguntabas que porque seguía duchándose a ese precio siempre te contestaba diciendo lo mismo, como iba a prescindir de la ducha…pagaba el precio gustoso.

 

La razón aunque parecía evidente solo se confirmó cuando se procedió a analizar el agua y se vio que era un paraíso en el que pululaban toda clase de bacterias y en tal cantidad que hubieran hecho las delicias para el estudio de cualquier microbiólogo y que como se sospechaba eran las causantes de esas reacciones alérgicas.

Los tubos lanzatorpedos, aunque se limpian periódicamente y como consecuencia de su uso para el lanzamiento de torpedos y minas, mantienen en su interior restos de pintura, aceites y grasas, lo que unido a la estanqueidad, condiciones de temperatura y a la ausencia casi total de luz en su interior formaban un microclima que hacía que fuera un vivero perfecto para la vida de determinadas bacterias. Y esas reacciones alérgicas fueron el peaje que hubo que pagar para poder ducharse.

Evidentemente se procuró extremar el cuidado y la limpieza del tubo que se utilizaba para la ducha y en contadísimas ocasiones se usaba para almacenar un torpedo o mina, quedando prácticamente en exclusiva para ese uso secundario pero tan importante al que una necesidad y una ingeniosa idea lo habían destinado.

MUJER A BORDO

España fue uno de los primeros países que incorporó mujeres en sus Fuerzas Armadas (FFAA). En concreto desde que en el año 1988 se abrieron las puertas de las FFAA a las mujeres, con el ingreso de las 26 primeras en incorporarse, hoy son ya más de 15.000 las que se integran en los distintos Ejércitos y la Armada, lo que supone aproximadamente un 12,7 % del total de efectivos. También hemos sido pioneros en la incorporación de mujeres a nuestros submarinos, lo que ocurrió en marzo del 2000 cuando las primeras 5 mujeres entraron en la Escuela de Submarinos.

Hoy las mujeres se integran en la Flotilla de Submarinos con total normalidad y ya hay 32 de ellas entre suboficiales y personal de marinería (un 10% del total) y previsiblemente durante este 2020 saldrá la primera oficial con la Especialidad de Submarinos. Pero antes de todo esto y precisamente desde que en el año 1988 empezaron a llegar mujeres al resto de unidades empezó a surgir la inquietud de si los submarinos eran aptos para llevar mujeres destinadas a bordo y por tanto soportando también como sus colegas varones periodos prolongados de navegaciones en las mismas condiciones de estrecheces, incomodidades y falta de privacidad. Fue en el año 1995 y siendo yo el segundo comandante del submarino (de la serie 60) cuando embarcó la primera mujer a bordo de un submarino.

Se trataba de una joven Teniente Enfermera que había sido destinada hacia unos meses a la enfermería de la base de submarinos y que aceptó el reto que le propuso el Jefe de Flotilla de embarcar durante unos días abordo. La navegación que se eligió para esta experiencia no fue muy larga, en concreto era una Orden de Ejercicios que implicaba navegar hacia el Golfo de Cádiz, efectuando una corta entrada en la Base Naval de Rota para asistir a una reunión previa al comienzo de los ejercicios. Salimos el día 14 de octubre, entramos en Rota 4 horas el día 16 y regresamos a Cartagena el día 19, es decir en total algo más de 5 días. Al final de esta navegación la Teniente debía informar de la experiencia y si recomendaba el embarque de mujeres en los submarinos.

Recuerdo su cara, entre incrédula y preocupada, cuando comencé a enseñarle el submarino, donde estaban los aseos, la ducha portátil, su alojamiento y a ponerla al día de las rutinas abordo, comidas, guardias, situaciones de emergencia, etc. L a única pequeña deferencia que tuvimos con ella fue la de alojarla en la zona de oficiales, asignándole una litera para ella sola, cuando lo normal hubiera sido alojarla en la Cámara de Proa, que era el lugar habitual para el personal de transporte. Tengo que reconocer que su comportamiento fue ejemplar durante toda la navegación y compartió las incomodidades de abordo con comprensión paciencia y buen humor. Al llegar a Rota para asistir a la reunión que mencioné antes y mientras el comandante iba junto con el jefe de operaciones al edificio del Cuartel General de la Flota, yo me quedé abordo preparando el barco para la inminente salida a la mar. Habíamos atracado por la proa del Transporte de Ataque “Aragón” (TA-11) y recuerdo que lo primero que hizo la teniente fue pedirme permiso para ir al barco a asearse. Así que la vi desembarcar y dirigirse con su bolsa de aseo al “Aragón”.

Aproximadamente una hora después de haber atracado, recibí una llamada de mi comandante, diciéndome que en 15 minutos regresaría abordo acompañado del Almirante de la Flota (ALFLOT) y que tuviera a los oficiales formados en cubierta para recibirlo y por supuesto que estuviera presente la Teniente. La llamé rápidamente y esperamos en cubierta la llegada del ALFLOT.

Cuando el Almirante subió abordo, acompañado de su ayudante, nos fue saludando uno a uno y al terminar los saludos se dirigió a la escotilla para bajar al submarino y le dijo al comandante, con cara de pocos amigos, que le acompañara y que bajara también la teniente. Nos sentamos los cinco en la cámara de oficiales y el Almirante le preguntó, algo enfadado, al Comandante, que como era posible que hubiera una mujer abordo y que no se le hubiera informado, a lo que el comandante lógicamente le contestó que había recibido la orden del Jefe de Flotilla y le contó cual era el objeto del embarque.

La contrariedad del ALFLOT se debía a que, al parecer, el Jefe de Flotilla no le había informado de sus intenciones, cosa que nosotros desconocíamos y por tanto se había llevado una sorpresa cuando nuestro comandante al ir a cumplimentarlo le informó de la presencia de la teniente. La reunión después transcurrió cordialmente y el ALFLOT se fue relajando mientras charlaba con la teniente y ella le comentaba sobre su experiencia a bordo, de manera que cuando al rato desembarcó del submarino su semblante era muchísimo más afable. Así, salimos de Rota, después de que el comandante llamara al Jefe de Flotilla para informarle del incidente con el ALFLOT y después de cumplimentar la Orden de Ejercicios atracamos en Cartagena a los tres días.

Al finalizar el periplo, la Teniente informó que no consideraba que los submarinos reunieran las condiciones de habitabilidad requeridas para que una mujer pudiera disponer de las medidas de higiene y privacidad necesarias y nos comentó que ella no sería voluntaria para ser destinada a un submarino. Es cierto que en los submarinos de la serie 60, las condiciones de habitabilidad eran peores y por ejemplo en esa navegación, y aunque ya contábamos con la ducha portátil, ella no la usó debido a la falta de privacidad provocada al tener que ducharse en la cámara de proa, donde alojaban unos 35 hombres y protegida de las miradas indiscretas por una simple cortinilla de baño. Por eso fue la primera en desembarcar en Rota buscando la reconfortante ducha a bordo del “Aragón”.

En los submarinos de la serie 60 nunca hubo mujeres destinadas y todas ellas han estado o están destinadas en la serie 70, donde en la actualidad comparten fatigas y sirven a España con el resto de sus compañeros.

DETECTOR DE CO2…..HUMANO

Los submarinos convencionales deben periódicamente subir a cota periscópica ( 12 mts en los submarinos de la serie 60) a dar Snorkel, con el objeto de poder admitir aire al interior del submarino por dos razones fundamentales, la primera es la de proporcionar aire a los motores diésel para así poder cargar las baterías que son las que proporcionan la energía necesaria para entre otras cosas propulsar al submarino en inmersión y la segunda, pero no menos importante, es para ventilar el submarino y mantener su atmósfera en niveles aceptables de seguridad, tanto para evitar bolsas de hidrógeno como para mantener el aire respirable. En los submarinos se trabaja habitualmente con un nivel de Dióxido de Carbono (CO2) superior al del ambiente normal y habitualmente también en un ambiente pobre de oxígeno (O2).

Por supuesto que la tolerancia en estos ambientes de aire enrarecido es distinta dependiendo de las personas y algunos se muestran más sensibles que otros a estos cambios. En cualquier caso, en nuestros submarinos el nivel de O2 que se considera aceptable oscila entre el 18,5 % y el 21%, aunque en situaciones de supervivencia puede bajar hasta el 17% y el de CO2 se procura mantener por debajo del 1,2%, pudiendo llegarse al 2,5% en situaciones de supervivencia.

Además otros gases que se vigilan son el Hidrógeno (H2) que se tiene que mantener por debajo del 2% y el Monóxido de Carbono (CO) cuyo límite admisible se considera en 50 ppm. Hasta la aparición de medidores con la suficiente fiabilidad para medir con precisión la presencia de estos gases, especialmente la del CO que no mostraba signos hasta que era fatalmente tarde,se utilizaban pequeños roedores y sobre todo canarios, ya que son muy sensibles a la presencia de gases nocivos en el aire.

La presencia de estos pequeños animales comenzó a generalizarse en las minas, especialmente las de carbón e incluso se empezó a regular a partir de 1911 en Gran Bretaña

Muchas son las vidas que estos pequeños animales han salvado en las minas de todo el mundo donde han estado presentes hasta 1999. Actualmente hay medidores a bordo, tanto fijos como portátiles para controlar que estos niveles se mantengan en los límites admisibles, aunque nosotros descubrimos que teníamos entre nosotros alguien especialmente sensible y que podía ser nuestro “Canario” particular.

Efectivamente y aunque lo normal es que no estés demasiado tiempo sin dar snorkel hay ocasiones en que las operaciones o los ejercicios te exigen mantenerte durante más tiempo siendo discreto, de manera que el uso del snorkel resulta tácticamente desaconsejado y por tanto la subida a cota periscópica para dar snorkel se demora y aunque existen sistemas para luchar contra ese deterioro del aire respirable, que en el caso de un submarino de la Clase “Delfín” eran adsorbentes de CO2 a base de Cal Baritada y Candelas de Oxígeno, que producen O2 a partir de una combustión controlada, llega un momento en que los niveles resultan imposibles de mantener sin renovar el aire del interior del submarino, normalmente como digo a través del snorkel, para evitar así salir a superficie. En estas situaciones es el comandante el que decide, viendo los medidores de gases y la situación táctica el momento en que ya es necesario subir a cota periscópica.

Tengo que decir que cualquier submarinista ha experimentado alguna vez molestias tales como ligeras dificultades al respirar o dolores de cabeza provocados precisamente por ese enrarecimiento del aire, pero lo que yo nunca había visto era a alguien desmayarse a mi lado por este motivo. Recuerdo que estaba en la cámara de mando, inclinado sobre la mesa trazadora efectuando el seguimiento de varios escoltas y helicópteros, que habían calado sus sonares y que escoltaban al Portaaviones“Príncipe de Asturias” (R-11). Estábamos efectuando un ejercicio antisubmarino tipo CASEX (Combined Antisubmarine Exercise) avanzado y todos estábamos perfectamente inmersos en la situación que nos ocupaba, intentando pasar la cortina antisubmarina que nos separaba de nuestro preciado objetivo, el “Príncipe de Asturias”.

El proceso llevó varias horas y cuando finalmente lanzamos la bengala verde para marcar el ataque sobre el Portaaviones, lo niveles de pureza del aire estaban ya comenzando a estar fuera de límites, en concreto recuerdo que el nivel de CO2 estaba ya por encima del 2%, así que el comandante ordenó comenzar la exploración para subir a cota periscópica.

El procedimiento para subir a cota periscópica lleva su tiempo, ya que hay que comprobar todos los contactos que tienes en los alrededores, ver a que distancia se encuentran y calcularles el rumbo y la velocidad para evitar sorpresas desagradables, sorpresas que no siempre se pueden evitar, ya que la batitermia (variación de la temperatura del agua del mar con la profundidad) y su influencia en la velocidad del sonido en el agua, junto con la presión y la salinidad de la zona, el aspecto que te presenta el buque que está en la superficie y su propulsión hacen a los barcos más o menos ruidosos y por tanto más o menos detectables. Todos los submarinistas nos hemos llevado más de una sorpresa al subir a cota periscópica y ver en nuestras proximidades alguna embarcación que no habíamos detectado.

Fue precisamente durante este proceso cuando uno de los oficiales que estaba en la cámara de mando, aunque no estaba de guardia, de pronto se empezó a encontrar mal y comenzó a tambalearse, desmayándose a continuación, con la suerte de que no llegó a caer al suelo ya que alguien que estaba a su lado lo pudo sujetar.

Es cierto que las molestias, sobre todo dolores de cabeza, ya empezaban a manifestarse entre otros miembros de la dotación, pero definitivamente el desmayo fue lo que espoleo al comandante a subir a cota periscópica a la mayor velocidad posible compatible con la seguridad. El desmayo no tuvo mayores consecuencias, pero eso sí, a partir de entonces en situaciones parecidas a la anterior en que los niveles de CO2 subían más de lo recomendado todas nuestras miradas se dirigían a nuestro “Canario” particular preocupándonos por sus reacciones y por si sentía alguna molestia. Ni que decir tiene que cuando mostraba el menor síntoma de dolor de cabeza comenzábamos a prepararnos para subir a cota periscópica.

Tarragona 19 Mayo 2020. CN (S) Antonio Bergoñós González