POLICIA NAVAL

NAVY POLICE

Ramon Galindo ( Sargento 1ro. I. M.)

SERVICIO VIGILANCIA EN TIERRA.

Corrían los años ochenta cuando yo estaba destinado en la Policía Naval de Cartagena, en esos años a diferencia de mediados de los setenta, los Policías Navales ya se elegían solo entre los reemplazos de Infantes de Marina y ya vestían de uniforme de franjas con brazalete rojo y casco blanco cuando estaban de servicio.

Todos tenían la graduación de Cabo 2do, que habían alcanzado tras superar un curso de dos meses en la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid. Antes de eso, y hasta la mitad de los setenta, los componentes de la Policía Naval procedían de todos los Cuarteles de Instrucción, ( C.I.M.) de San Fernando, Cartagena, y el Ferrol, además del Centro de Instrucción de Infantería de Marina ( CEIM) de Cartagena.

Su uniformidad era hasta entonces, de color gris naval, con una chaquetilla corta, camisa gris y corbata negra, volviendo a los ochenta la Policía Naval tenía establecido un servicio permanente de “ Vigilancia en Tierra” además de sus otros cometidos de seguridad en las puertas de Arsenales y accesos a zonas restringidas en los respectivos Estados Mayores, traslado de fondos ( en aquella época la nómina era en metálico), custodia de presos y valija, así como la entonces “ delicada” protección del las autoridades de la Armada, que por aquellos años eran blanco sensible del terrorismo.

Si al principio, el criterio principal que se seguía para la elección de este personal, era la altura, prácticamente se iba a los Cuarteles de Instrucción y la primera fila de cada Brigada, quedaba automáticamente fichada para ser policía naval, ya cuando pasaron a ser exclusivamente Infantes de Marina, no sólo porque había menos donde elegir, sino también porque los criterios de selección y formación habían cambiado. Por supuesto se pedía una talla mínima, y primaba tener conocimientos de artes marciales y una excelente forma física que se veía incrementada durante su formación y estancia en las compañías de policía naval, donde se fomentaba el deporte y las técnicas policiales,

Ciñendonos al servicio de vigilancia en tierra, concretamente en Cartagena cada día un Oficial, un Sargento 1ª, Sargento o Cabo 1, y diez Cabos segundos P. N. más otro Cabo también PN, conductor, montaban este servicio con sede en el entonces Edificio de Capitanía General, con entrada por la puerta de la Calle Villamartin. El Oficial era un Alférez de Navío o Teniente, destinado en cualquiera de las unidades de la ciudad y el Suboficial era específico de la compañía de la Policía Naval.

Corrían muchas leyendas e historietas sobre los PN con las que los veteranos asustaban a los reclutas, si bien es cierto bajo el casco del PN, en realidad también había uno de ellos, eso sí, con una excelente preparación y forma física Dentro de los mentideros cuarteleros corrian historietas de “ abuelos “ que alardeaban de haber vacilado a los PN “ yo eso nunca lo vi” pero lo cierto era que sus actuaciones eran impecables, serias e imponían respeto y orden en la calle ante el personal de marineria y tropa que por las tardes salía de paseo, y más aún los fines de semana. En aquella época la marineria no podía vestir de paisano, y por supuesto cualquier Policía Naval sabía distinguir perfectamente a un marinero o soldado por muy de paisano que vistiese, hasta a que destino pertenecía sólo con verles andar, pero ese no era el objetivo a no ser que se metieran en algún lío.

Muchas noches, cuando iba llegando la hora de de volver al cuartel, entre las diez y las once de la noche, cuando el vino tinto que había acompañado al plato combinado del “ Jamaica” y los cubatas del “ Waikiki” empezaban a hacer su efecto en aquella juventud, es cuando la cosa se ponía caliente y alguna vez hubo que desenfundar la defensa “ porra” cuyos efectos, como si los de una varita mágica se tratase, parecían milagrosos sólo haciendo acto de presencia y el recluta se cuadraba como un palo y regresaba a su destino por su propio pie delante de la patrulla.

Otras veces, las menos, la cosa llegaba a más y había que “ convencerle” para que se le pasase la moña, algunos los menos repito, regresaron en el Land Rover y con un parte disciplinario. El Molinete ( antiguo barrio de prostitución) cuyas vetustas y empinadas calles, eran el lugar más sensible, y al intervenir otros factores, puesto que aquellas mujeres una vez iban de una parte y otras de otra, dependiendo si se les espantaba a la clientela o se les iba a resolver el altercado, así como el submundo de “ chulos” que las protegían, que también dependía de si el cliente pagaba o no, o de asegurarse de que lostuviera... Alli la cosa cambiaba y el marinero podía ser la víctima o el incitador dependiendo de la situación.

La Ordenanza de la Policía Naval “ firme sin violencia y prudente sin debilidad “ era otra historia, por aquella época las discotecas abrían a las seis de la tarde, la Dama de Oro y Olimpia eran las más frecuentadas y también era frecuente que algún altercado se montara, es por ello que también se hacían rondas por aquellos lares, y así un reemplazo y otro, con oleadas de uniformes blancos o azules dependiendo de la época del año, era como transitaban por las calles de Cartagena con aquellos policías navales que impecables en su trabajo, cuidaban no sólo que los tafetanes y petos estuvieran bien planchados o que los lepantos estuviesen bien colocados, sino también de que aquella juventud de uniforme no fuese objetivo de aquella gonorreica prostitución, otra cosa muy distinta era la brega con la marinería embarcada, ya un poco harta de mar cuando arribaba la flota y sobre todo el vetusto Dédalo, sobre dimensionado tanto en tamaño como en el número de su dotación, no necesitaba la PN leer la cinta del Lepanto para calcular sin lugar a error, no sólo el destino sino hasta el reemplazo, muchos indicios externos lo cantaban empezando por el desgaste de los zapatos, aquí la cosa cambiaba y en estos pequeños descansos amarrados en puerto, los altercados eran más numerosos, a lo que había que añadir el aderezo de cuando las maniobras eran conjuntas con otros países, donde los Yankees ocupaban la “ pool position” y sus organismos no toleraban bien el tintorro, ahí si que conjuntamente con laPolice Navy, si que se recogían a los saylors como fardos, cuyos arrestos consistían en realizar trabajos para la comunidad en el próximo puerto que tocasen.

Ramon Galindo ( Sargento 1ro. I. M.)