Pedro Pescador

Celebramos el 16 de Julio la Virgen del Carmen, patrona de la mar. Es un momento perfecto para que quien tenga cualquier pequeña rencilla recuerde que la paz se hace con los enemigos, y no con los amigos, y corra a dar un abrazo a quien pudo ofender.

También es momento perfecto para recordar a los que nos han precedido en zarpar por siempre. Dice un refrán alemán que “todo tiene un final menos la salchicha, que tiene dos”. Bromas aparte, olvidamos a veces que nos ha sido dado un tiempo limitado. A pesar de esa certeza, ahora que me, nos acaba de dejar un sabio marinero, me siento, nos sentimos más solos.

No importa quién era. Vamos a llamarlo “el marinero desconocido”, en memoria de todos los que faltan. Me consuela que nuestros padres y maestros nos dejaron su sabiduría, una forma no solo de hacer las cosas, sino de vivir, que se llama “ser marino”. Mientras la mantengamos estos nunca marcharán, y si lo pasamos a nuestros hijos nuestros padres vivirán por siempre. Es nuestra responsabilidad.

Otra cosa me consuela. Yo no soy creyente. Es lo que hay, la fe se tiene o no se tiene. Aun así, si el cielo existe, hay que reconocer que lo montaron muy bien. Pensad que en el curro más delicado, de portero, pusieron a uno de los nuestros. Lo más fiable que pudieron encontrar: un marino, y de la pesquera.

Quiero imaginarme a Pedro Pescador así con la barba, y debajo de la túnica y las alitas botas de agua. Me alivia. Quiero imaginar que los nuestros cuando llegan ahí arriba se encuentran a un colega, que también debió hacer guardia en la fría madrugada, o levantarse mucho antes del alba para ir a faenar. Cuando llegue con mi saco de pecados a cuestas, joder, que grande que hayan puesto lo mejor para organizar aquello: a un hermano en la mar.