Admiro a aquel primer marino que se sentó en una playa a ver las estrellas. Observó que una de ellas estaba quieta. El resto de la tribu decía que sin duda sería la estrella reina, pero él quiso llegar más allá. Tenía que tener algún sentido, servir para algo. Y tras mucho pensar sonrió y la llamó norte.

Me fascina pensar que, desde el principio de los tiempos, este conocimiento ha pasado de padres a hijos, conservándose. Si una sola generación lo hubiera olvidado quizás se habría perdido por siempre. Cada día recuerdo el cazón en adobo que preparaba mi padre y cada día lamento no haberle pedido que me enseñara a hacerlo antes de que marchara. Y no solo por mí: lo peor es que los que vienen detrás de mí ya no podrán comerlo. Y es mi culpa.

Somos un libro donde la vida escribe con sangre y lágrimas no solo nuestras experiencias, sino todas aquellas que nos legaron hombres sabios y nobles. No podemos permitir que se pierdan nobles artes como el navegar, la historia que mejor o peor nos tocó vivir. No podemos permitir que nuestros hijos pierdan el cazón en adobo. No podemos permitir que pierdan el norte.

Mavear


 

 

¡Soltamos amarras! ¡Zarpamos!

 

 

¡Por fin! Tras duros e interminables cafés con leche, múltiples charlas y tormentas y temporales de ideas, finalmente soltamos amarras y zarpamos en nuestra página web.

Hemos querido que su puesta en marcha coincidiera con el establecimiento oficial de nuestra asociación.

Este proyecto va dirigido a todos los hombres en la mar de buena voluntad, que de una u otra forma han dedicado su vida a la mar, y ahora ven llegado el momento de verla desde el muelle.

Dicen que llega un momento en el que sabes, de alguna manera, que tus singladuras han llegado a su fin; que no habrá otro puerto a descubrir donde echar el ancla por primera vez; que no sentirás de nuevo esa sensación extraña, de miedo y alegría, cuando el capitán ordena “zarpamos”, y cae la última estacha; que no aparecerán extraños que, al cabo del tiempo, se convertirán en tus hermanos. No más guardias en la cofa, sabiendo que de tu vigilia depende el sueño y la vida de todos. Y al bajar, aterido de frío, aquel café con un chorrito de matarratas, que solo era un poco menos dulce en esta vida que el beso que te esperaba al llegar a puerto. Dicen que llega un momento en que tus pies se paran y solo te quedan recuerdos, que cuando faltes se perderán, como dijo el poeta, como lágrimas en la mar.

Dicen.

Pero nosotros no pensamos así.

Mucha gente se me ha presentado como maestro, pero muy muy pocos lo han sido. Uno de los mejores me enseñó que mientras sigues en pie no has sido derrotado. Sí, la victoria será del tiempo, que destruye a todos los imperios, pero la lucha sigue siendo nuestra. Esta nueva generación que viene probablemente está mejor preparada y tiene muchos más medios que nosotros, pero no solo no sabe usar un sextante, sino que se ve perdida cuando se le apaga el GPS o pronuncias la palabra latitud. Por razones que se me escapan, no hemos sabido transmitirles nuestras experiencias, buenas o malas, pero que nos habían transmitido generaciones de maestros. No es posible que no hayan oído hablar de Roger de Llúria, de Pedro Mesía, de las tripulaciones de los Cinco Latinos que crearon en una España atrapada en el tiempo una unidad de primera línea, de los que se juegan el bigote en Atalanta para que el setenta y cinco por ciento de todo lo que vemos llegue a nuestras tiendas.

Este es un poco nuestro objetivo, el objetivo de nuestra asociación; ayudar en la medida de nuestras fuerzas a dar a conocer el presente y pasado de la Armada y su relación con la sociedad.

Sí, y cuando estoy diciendo “nuestro” me refiero específicamente a usted. Lo que para usted pueden ser recuerdos o batallitas son parte importante de nuestra historia, y si no lo contamos se va a perder. La cultura, el arte, la gastronomía, el ocio son tan parte de la mar como las sardinas. Mi sobrino se queja de para qué narices (emplea otra palabra, pero no voy a ponerla, que a lo mejor lee esto su abuela) sirve la trigonometría. Cuando le expliqué que para dibujar un mundo que nuestros abuelos iban cartografiando a medida que lo descubrían la vio de forma diferente. Nuestra sociedad parece a veces absolutamente refractaria, completamente impermeable, soberanamente indiferente a las cosas de la mar. Los que la amamos somos testigos de todas las cosas interesantes que pasan cada día. Nuestro servicio puede no ser vivirlas, sino hacerlas vivir a quienes tienen que seguir nuestros pasos. Bolígrafo al hombro, ¡ar! Esta es vuestra asociación, vosotros, tenéis que construirla.

Así pues, bienvenidos de nuevo a bordo.

¡A cubrirse, ar! Mucho pelo veo bajo los lepantos –y bajo algún otro, muy poco–, a ver si este permiso ha sido demasiado largo. Babor y estribor de guardia, que largamos amarras.

 

Nuestros queridos socios en una cena informal.

MaBEar

¿Qué somos?

Somos una asociación civil de amigos de la historia y cultura naval.

Somos una asociación apolítica, sin interés de lucro, no paramilitar. Queremos respetar la cultura y tradiciones de la armada.

El objetivo primario de nuestra asociación es difundir cualquier temática relacionada con el mar.

Una actividad muy importante de nuestra asociación es la visita a buques en nuestro puerto.

En redes sociales bajo ningún concepto utilicemos los símbolos de la asociación o de la armada que puedan hacer caer sobre su buen nombre nuestra (respetable pero personal) opinión.

Desayuno de instrucción: ¿Y si cada tanto quedamos para tomar un café y recordar las clases marineras?

"La mar es de hombres libres, pero no demócratas". Para ti es un buen recuerdo, pero nuestros anfitriones están trabajando. No abusemos de su amabilidad.

¿Qué no somos?

Nuestro único nexo de unión con la armada española es la mar que nos engloba a todos.

Evitemos discutir de política, fútbol y mujeres. Nuestra uniformidad es una seña de identidad, no una norma estricta.

Lo dicho: nada de fútbol. Recordemos que nosotros estamos de paseo, pero ellos de faena. Que nuestra visita no sea una carga.

¿Ese botón es el lanzamisiles? No caigas en la red. No en mi nombre. Preservad el buen nombre de la asociación.

¿Qué son esos galones tan raros? ¿Le saludo o le doy un beso?

¿Verdad que si la liabas te caía un baldeo? Pues sigamos la buena y vieja disciplina. La marina te llama... No les llamemos nosotros cada cinco minutos.

MaREar